La vida se marchita como las flores,
una vez florecidas solo esperan hasta que se cae el último pétalo.
La vida esta sobrevalorada, mucho más de lo que quisiéramos.
Imagina como se debe sentir un sordo al no poder escuchar nada,
el sonido de las olas al romper, la brisa del viento moviendo las plantas secas.
Imagina como se debe sentir un paraplégico al no poder sentir nada,
quisiera tocar y sentir la sedosa piel, la rugosidad de una pared.
Yo me imaginado en esas situaciones, también en otras más preocupantes,
quizás tan preocupantes como el punto de vista de un asesino,
el placer de poder quitar una vida a elección,
lo que siente al agarrar el cuchillo y desgarrar la piel de su victima,
ese éxtasis que debe sentir rodear toda su alma,
lo simple que es quitar una vida me preocupa,
tanto como lo simple que es el calor o el frío.
Nos ponemos a diario limites que no deberían de existir,
quizás eso es lo que nos hace humanos,
tan humanos y tan despreciables,
hemos llegado a unos limites incomprensibles donde nos creemos dueños de todo,
no somos dueños de nuestra vida ni la de otros,
¿pero quien es digno de poder criticar?
Nadie es digno de gobernar, no lo suficiente como para escoger algo y agradar a todo el mundo,
entonces llegará el dialogo y solo entonces,
el mundo se dará cuenta de lo tan podrida que esta la sociedad.
Vivimos una mentira que agrandamos al auto engañarnos de que es buena y placentera,
¿quieres cambiar el mundo?
HAZLO SIN DUDAR.
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